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Reflexiones de una psicóloga que va a terapia: En busca de una comunicación clara, sincera y directa

Silvia Suja - Psicóloga y Terapeuta Gestalt BarcelonaHace poco leía un artículo que criticaba la forma de escribir ostentosa, de frases infinitas y poca claridad. Criticaba que en la escuela no nos enseñan a escribir, a plasmar ideas o a hacer llegar una información determinada, sino únicamente, a no cometer faltas de ortografía. Cuando el autor hablaba de la búsqueda del estilo propio a la hora de escribir decía: “la aproximación al estilo es por el camino de la sencillez, simplicidad, orden, sinceridad”. No hace falta escribir diez palabras si tenemos una que engloba a todas. No es necesario escribir una frase de veinte palabras si con diez podemos decir lo mismo. Y me pregunto ¿Qué estamos buscando con ello? ¿Para qué nos complicamos? Pareciera que por escribir más palabras y dar más rodeos, el texto o la idea a transmitir será más rica, interesante o verdadera. Pero la realidad es que hay palabras que en determinados momentos son prescindibles…y es entonces cuando se me aparece en forma de mantra una frase que me suelo repetir a menudo para no olvidarla (o más bien, para que vaya calando en mí): MENOS ES MÁS.

El caso es que el artículo resonó en mí. Algunas de estas ideas para mí son extrapolables a otro ámbito; el de la terapia. Y no porque en terapia se escriba, o se tenga uno que expresar bien, sino porque uno de los horizontes terapéuticos tiene que ver con esa búsqueda de la sencillez, la simplicidad y la sinceridad de la que nos habla el autor. Así que hoy nos centramos en cómo el propio proceso nos lleva a una comunicación de estas características. Hablaremos del plano verbal y el no-verbal teniendo en cuenta que éstos son solo dos de los reflejos de la experiencia conjunta. Pero veámoslo más detenidamente.

Una persona llega a terapia con algo que le provoca malestar o sufrimiento. Lo expresa de la mejor forma que sabe y el terapeuta lo escucha activamente. ¿Qué puede pasar? Pueden pasar infinidad de cosas pero pongamos la atención en cómo comunica: ¿Cómo expresa lo que le sucede? ¿Encuentra las palabras? ¿Utiliza un estilo poético para hablar de su vida? ¿Dice que no sabe cómo decir lo que quiere decir? ¿Se va por las ramas? ¿Se justifica de todo lo que dice? ¿Salta de un tema a otro sin cesar? ¿Se mueve mucho mientras habla? ¿Explica todo con el más mínimo detalle? ¿Se queda en blanco? Estas son solo algunas de las posibilidades con las que nos podemos encontrar.
Pongamos que en estos casos el cliente, por ejemplo, esté adornando su historia, omitiendo información importante, dudando de lo que sí sabe, etc. Esto no quiere decir que lo haga a propósito o que nos quiera vender la moto. La gran mayoría de las veces, la persona se expresa y se abre a nosotros de la mejor manera que sabe y puede.
Nos podemos empezar a preguntar, ¿Qué es lo que puede estar evitando con su manera de expresarse? ¿O de qué se protege? ¿Para qué usa tantas palabras? ¿Para qué duda de todo lo que dice? ¿Para qué se va de un tema a otro? ¿Para qué utiliza tantos términos abstractos? ¿Para qué se acelera al hablar?… Y como la relación es cosa de dos… ¿qué me pasa a mí cuando lo escucho? ¿Me siento próximo? ¿Me desconecto de lo que está diciendo? ¿Me mareo? ¿Atrae mi interés aquello que dice? ¿Siento que me falta información?
Con estas preguntas y otras, con amor y escucha y por supuesto con pequeñas intervenciones y/o experimentos que faciliten la conexión y la toma de conciencia, vamos a ir acercándonos a un contacto y una comunicación mucho más clara y sincera consigo mism@  que ayudará al cliente a comprenderse y a contactarse (considerando que esto es lo ideal y que no siempre ocurrirá).

Silvia Suja - Psicóloga y Terapeuta Gestalt Barcelona

Por tanto, el exceso de palabras, los adornos y florituras, la verborrea, el vaivén de ideas y conjeturas en muchas ocasiones no son más que muros que la persona crea para aislarse de lo doloroso o evitar el vacío que tanto puede llegar a aterrorizar. El terapeuta acompaña en el contacto con aquello evitado que emerge en el presente, para darle forma y espacio, habitarlo y hacerlo consciente. De ese modo, con el contacto la palabra se transforma en algo sencillo, sincero y directo. Que cala y que toca hondo. Que define la experiencia y nos da un mensaje transformador.


El cliente podría acabar la sesión con comprensiones del tipo: “Me doy cuenta de que me ahogo al intentar controlar todo el tiempo”, “Me faltó el cariño de mi madre y ahora busco a mamá en mis relaciones”, “Me doy cuenta que cuando las cosas me van bien, me boicoteo”, “Necesito expresar mi enfado”, “Evito el conflicto por miedo a que dejen de quererme”, “Tengo miedo a salir al mundo y que me hagan daño”, “Necesito parar de hacer y descansar”, “El orgullo a veces no me deja ver”, “Me pierdo en mi y no veo al otro”, “Necesito que alguien me escuche”, “Me cuesta pasar a la acción”, “Soy capaz de lograr lo que quiero aunque a veces crea que no”, “Desconfío de la vida”, “Me pongo en posición de víctima para conseguir la atención que necesito”, “Me cuesta darme cuenta de lo que necesito” y un largo etcétera.

Seria algo así como encontrar el mensaje que hay debajo de las primeras capas, encontrar algo de serenidad bajo el oleaje. Del mismo modo que el autor que mencionaba al inicio busca llegar a su lector de un modo claro y directo, en terapia buscamos (entre terapeuta y cliente) llegar a esa comunicación de palabra simple, sincera y transformadora, que ordena y clarifica la mente, toca el corazón y se siente en el cuerpo.
Con este tipo de comprensiones el cliente empieza a tomar conciencia de cómo hace para tapar o interrumpir aquello que duele reconocer y todavía más, acoger en él. Contactar con lo que sencillamente hay y poderlo aceptar, nos devuelve las riendas, el poder y la libertad de moverlo si así lo deseamos. La palabra, en este caso, nos ayuda a definir un mensaje claro y nos orienta en el camino, la experiencia total resulta ser más clara y nítida y el camino hacia el cambio se torna visible (consciente) y asequible.

Por supuesto cabe decir que el terapeuta debe dar ejemplo con una comunicación y una actitud sincera, clara y auténtica, facilitando que el cliente se abra a tal experiencia. No olvidemos que el aprendizaje por observación cliente-terapeuta y el contacto y la relación entre ambos, son partes muy importantes en el proceso terapéutico. Esto no quiere decir que esté prohibido el uso de metáforas o que no se pueda “filosofear” en un determinado momento. Más bien se trataría de aprender a detectar como terapeutas cuando las palabras (o su ausencia) están conectadas con la experiencia presente y cuando su función es la de tapar, evitar o desconectarse de lo eminentemente orgánico y presente.

En resumen, poco a poco nos desproveemos de todos los adornos (sean verbales o de otra índole) y vamos al grano, a lo que duele, a lo que deseamos, a lo que necesitamos, a lo que por diferentes motivos evitamos… y nos responsabilizamos de ello, sin parafernalias que agotan, sin autoengaños que hacen sufrir, que nos desconectan o que interrumpen nuestra experiencia. Sin manipulaciones. Y entonces la comunicación se clarifica y las palabras aparecen nítidas y sencillas. “Las palabras que buscamos en terapia son aquellas palabras certeras, directas y potencialmente sanadoras que el cliente encuentra cuando llega a casa. El terapeuta le acompaña en ese camino de regreso.”

Después de todo, espero y deseo que mi idea haya llegado simple, clara y sincera. De otra manera, estaría siendo incongruente con lo que aquí hoy intento expresar.

Silvia Suja
www.psicogestaltbcn.com

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