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Autoconocimiento y crecimiento personal

Para hacer psicoterapia no tienes que estar sufriendo muchísimo, sentir que estás en un pozo sin salida o padecer un trastorno mental. Para hacer terapia no tienes que esperar a que las situaciones te desborden o a entrar en colapso. La realidad es que la decisión de ir a terapia puede venir motivada por las ganas de conocerte más y mejor, es decir, de querer emprender un camino de autoconocimiento y de crecimiento personal.

Para iniciar una terapia solo necesitas de curiosidad y ganas de explorar(te). Desde ahí se inicia un proceso en el que indagar(te) en compañía, para crecer, para madurar todas aquellas partes de ti que puedas ir descubriendo más verdes y también para identificar, reafirmar o desarrollar aquellos lugares internos o aquellos recursos y habilidades que posees y que son innatos en ti.
Crecimiento personal

¿Qué es el crecimiento personal?

Un proceso de crecimiento personal es un camino de autoindagación en compañía. Esto no quiere decir que uno no pueda ser curioso con uno mismo y preguntarse, explorarse y autoindagarse con el objetivo de conocerse mejor. Si así se prefiere, puede ser una opción igualmente válida.

El hecho de hacer un proceso de crecimiento personal de la mano de un terapeuta, aporta algunas ventajas:

1. Dispones de alguien que te acompaña con la experiencia de su propio proceso de crecimiento personal

Que el terapeuta ya tenga un bagaje de su propio camino, facilita que pueda acompañar el proceso desde la comprensión y la sabiduría del que ya es veterano.

2. El terapeuta tiene a su disposición técnicas que facilitan el proceso de indagación

Las propuestas y técnicas terapéuticas de las que el profesional dispone, facilitan la exploración y la toma de conciencia.  
Suelen aparecer también sentimientos de injusticia y/o la culpa, o bien hacia si mismo o proyectada en otras personas o en el entorno.

3. El terapeuta es testigo

El hecho de que haya alguien que sea testigo de tus cambios internos, de tu toma de conciencia, de tu proceso de crecimiento y maduración, facilita la adquisición y la integración de ese proceso. Hay un TU que evidencia y que sostiene el proceso.

4. El terapeuta hace de espejo.

El terapeuta facilita que te veas. Desde la terapia gestalt se dice que “El neurótico (considera que todos lo somos) es el único incapaz de ver lo obvio”. Con esto quiero decir que el hecho de tener a alguien que te “vea” y te confronte contigo mismo, facilita que tú también te puedas ver mejor, con tus “ángulos muertos” y de un modo más completo. 

5. Trabajas el Yo en relación

Trabajar con alguien te da la oportunidad de descubrirte en la relación con el otro, tomando conciencia de cómo te relacionas con un otro y encontrando, si así lo deseas, otras maneras de relacionarte más sanas para ti y para tu entorno.

El autonocimiento como prevención

Conocernos nos aporta luz y conciencia sobre cómo nos desenvolvemos en la vida. Nos ayuda a desarrollar claridad en cómo son nuestros patrones de funcionamiento y relación, de manera que podamos detectar fácilmente estas dinámicas con las que funcionamos. De esta manera, podemos empezar a flexibilizar ciertos patrones que nos dañan y crear nuevas formas de comprensión y relación que nos beneficien y nos aporten mayor bienestar.

En otras palabras, el autoconocimiento nos ayuda a pasar del automático (pensar, sentir y actuar de forma programada y robótica) al consciente (darme cuenta y decidir de qué manera quiero pensar, sentir y/o actuar).

Con esta conciencia y comprensión de uno mismo, la gestión de lo que la vida nos vaya trayendo podrá ser gestionada de un modo más satisfactorio. Tendremos a nuestra disposición todos aquellos recursos y habilidades que poseemos (pues los habremos hecho también conscientes) para prevenir, afrontar y llevar la vida de la mejor manera posible.

A continuación, os dejo con este relato de Jorge Bucay inspirado en un poema de Rimpoche, monje tibetano. En éste, se ilustra de modo muy gráfico, todo un proceso desde la inconsciencia a la toma de conciencia y el cambio. En definitiva, un proceso de autoconocimiento y crecimiento personal es el camino en el que conocer y transitar todos nuestros “pozos”.

El darse cuenta

Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
hay un pozo en la vereda,
no lo veo
y me caigo en él.

Día siguiente...
salgo de mi casa,
me olvido que hay un pozo en la vereda,
y vuelvo a caer en él.

Tercer día.
salgo de mi casa tratando de acordarme
que hay un pozo en la vereda,
sin embargo,
no lo recuerdo,
y caigo en él.

Cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme,
del pozo en la vereda,
lo recuerdo,
y a pesar de eso,
no veo el pozo,
y caigo en él.

Quinto día,
salgo de mi casa,
recuerdo que tengo que tener presente
el pozo en la vereda,
y camino mirando el piso,
y lo veo,
y a pesar de verlo,
caigo en él.

Sexto día,
salgo de mi casa,
recuerdo el pozo en la vereda,
voy buscándolo con la vista,
lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.

Séptimo día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera.
salto,
rozo con la punta de mis pies el borde del otro lado.
pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
salto,
llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido
que festejo dando saltos de alegría....
y al hacerlo,
caigo otra vez en el pozo.

Noveno día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
lo salto,
y sigo mi camino.

Décimo día,
me doy cuenta
recién hoy.
que es más cómodo
caminar...
por la vereda de enfrente.

El autonocimiento como prevención
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